Domingo de Ramos, Ciclo A
Isaías 50,4-7; Salmo 21; Filipenses 2,6-11; Mateo 26,14–27,66
29 de marzo de 2026
Morir
por amor, es la muerte que sabe a miel, pues Jesús siendo Hijo de Dios, no quería morir, lo muestra su agonía
psicológica y su sudor con sangre en el huerto de los Olivos (Lc 22,44), pero
el designio de Dios indica que tenía que ser de esa forma como tenía que
padecer en la cruz para salvarnos, por eso Jesús dice a Dios: "Padre, si
quieres, aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad
sino la tuya" (Lc 22,41-42), y sin más acepta el servir a Dios
hasta sus últimas consecuencias.
P. Chava, SVD
En la primera lectura Isaías, narra la pasión del siervo de Dios y que sufre en
el exilio del pueblo de Israel en Babilonia; Lo que llama la atención que el
siervo de Dios sufre sin oposición, sin gemidos, con aceptación al dolor y la
tortura, para mostrar el poder de Dios, porque Dios ayuda sus elegidos, es
decir, el Señor lo ayudó, por eso no sentía los ultrajes. Si el Señor esta de
nuestra parte ¿a quién temeré?, pues en mi debilidad Dios me fortalece.
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| P. Chava, SVD |
En la carta a los Filipenses, san Pablo nos hace teología, descubre las dos naturalezas de Jesús, es decir, la humana y la divina; además nos señala la soteriología de Dios, es decir, el plan salvífico de Dios que implemento para salvar al ser humano de su autodestrucción. Y la salvación sólo pudo llegar a su plenitud con la encarnación de Jesús y la transmisión de su mensaje de salvación complementado con el legado que nos dejó para vivir y celebrar hasta el final de los tiempos como son los sacramentos que administra la Iglesia y con la implantación del Reino de Dios y su justicia en nuestra realidad aquí y ahora.
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| P. Chava, SVD |
El texto de la pasión de Cristo
narra el drama que padece Jesús por parte de sus discípulos, la traición y
negación de sus discípulos de alta confianza: Judas el ecónomo de la comunidad
y Pedro el segundo líder del grupo; la incomprensión del mismo pueblo de Dios
que se corrompe y le condena a la pena capital de la cruz. Por otra parte, los
líderes religiosos y políticos sacan ganancias con la muerte de Jesús: una paz
aparente y una estabilidad económica, religiosa y política. Solo los
incondicionales (mujeres y algunos seguidores) y sin nada que perder más que la
propia vida, siguen a Jesús hasta la cruz y después de su muerte hasta la
tumba.
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| P. Chava, SVD |
Jesús muere en la cruz, él muere humillado, torturado y sin clemencia, muere un inocente en la cruz, muere nuestro Dios y hermano, muere con él nuestra inocencia y parte de nuestra humanidad; pues la causa de muerte fue el odio y la incomprensión de quien era de verdad Jesús; tras su muerte de Cristo, la cruz se convierte en el signo más visible del amor de Dios, pues tanto amo al mundo que envió su único Hijo amado para salvarnos, tanto nos amó Dios que nos entrega a su propio Hijo (Juan 3,16). Por eso en Semana Santa hacemos memoria de este amor de Dios hacia el hombre, de un Hijo que ama tanto a Dios y a la humanidad que da su propia vida para salvarnos.
P. Chava, SVD, es misionero del Verbo
Divino. Párroco de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, Diócesis Sevilla,
España.














